Mitológicamente hablando.

Las caricias que buscan el amor que se ha descuidado, son cómplices de las miradas que no disimulan lo que se ha perdido. El sofoco se hace notar en las mejillas esculpidas en vapor de sangre de aquellos que se avergüenzan de un pasado no muy remoto dejando desnudos esos sentimientos que, sin ningún preámbulo, han decidido escaparse de la mano para no volver jamás. Y es que se hace difícil entenderlo. Se hace difícil entenderte. Se hace difícil escuchar las voces de quienes nunca fueron deseados y de los que nunca tomarán partido de esta situación. Se trata sin más de un horrible secreto a voces, custodiado por el más terrible y colosal de los guardianes: el Miedo.

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